La Virgen de Andacollo

Ella es ferviente devota de la Virgen de Andacollo. Tía Ester hace sus ruegos a la virgen y cuando la virgen le concede los favores, mi tía viaja hasta Andacollo a pagar sus mandas.
Hace años que tía Ester tiene una manda. Yo no sé lo que habrá pedido. Pero sé que mientras ella pueda y las fuerzas le den, confeccionará 30 muñequitas de trapo para entregarlas a algún jardín o colegio de niñitas de escasos recursos.
Cuando fuimos a Andacollo en el verano, en nuestro paseo obligado (porque mi hermano y mi tía también son fervientes devotos de la virgen, y cada vez que viajamos la vamos a visitar para darle gracias), la fuimos a ver. En esa oportunidad mi tía llevó sus muñecas para entregarlas, pero, como era época de verano, no quisimos dejárselas al cura, puesto que mi tía Haydée le dijo a tía Ester que si se las dejaba al cura, el cura lo iba a tomar como una ofrenda a la virgen y no se las entregaría a las niñitas pobres. Convencida mi tía Ester decidió guardarlas en la casa de Coquimbo y volver allá cuando empezaran las clases.
Mi tía Ester me contó después (cuando llegamos a Coquimbo con Iván el jueves por la noche), que había sido tan emotivo ver como las pequeñas recibían la humilde muñeca y la arrullaban con ese instinto maternal que sólo tenemos las mujeres. Algunas niñas, se las acomodaban sentándolas en sus piernas. Tía Ester se sintió satisfecha al ver la alegría de esas niñas dibujada en sus rostros.
Muy contentas las dos se alejaron del colegio. En eso le pregunta mi tía Ester a mi tía Haydée, - ¿cuántas muñequitas me quedaron? – ¡siete! – dijo mi tía. “ya – dijo la tía Ester – entonces voy a hacer las 23 que faltan para completar las 30 que tengo que traer la próxima vez”.
Ya se disponían para regresar a Coquimbo cuando a mi tía Haydée se le ocurre pasar por la Iglesia primero, para despedirse de la virgen, y cual es la sorpresa para mi tía Ester al ver que justo en la iglesia, había un grupo de niñitos provenientes de un jardín infantil, rezándole a la virgen. Entonces mi tía Ester le dice a mi tía Haydée “pásame las muñequitas para entregárselas a estas niñitas”, fueron sacando las muñecas y entregándolas a las niñas cuando con asombro comprobaron que justo eran ¡siete niñitas!
Mi tía Ester se emocionó mucho, porque ella atribuyó el hecho, a que la virgen no quiso que se llevara de vuelta las muñecas. Puesto que la manda, era entregar 30 muñecas a las niñas pobres y no 23 como había hecho. La virgen puso esos niños en la Iglesia, para que así mi tía pudiera cumplir con su promesa.
Yo no sé si la virgen realmente escucha sus súplicas, no sé si fue coincidencia o no, pero sentí que ese jueves santo algo había sucedido. Yo lo atribuí a un milagro. A que verdaderamente la virgen escucha y reclama por lo que le pertenece.
Y esto me deja una lección a su vez. Que yo también tengo que cumplir con lo que le prometo o le ofrezco a la virgen. Porque a veces le ofrezco dinero y después no le cumplo, y yo me siento mal por eso, pero a la vez pienso que ella entenderá mi situación financiera. Mmmm, parece que tendré que idear otra forma de recompensar los favores concedidos. Talvez podría llevarles queques de Pascua al curso que elija mi tía Ester y así yo también me sentiría satisfecha de colaborar de esa forma con la causa divina. Mi tía Ester ya lleva tres años regalando muñequitas y las confecciona con gran sacrificio. Estoy segura que ese esfuerzo de alguna forma será recompensado. Admiro a mi tía Ester. Ella sí que tiene un corazón de oro. Cualquiera no ejecuta este tipo de obras.
P.D.: Mi tía Ester me dijo que parece que iba a tener que crear algún muñequito como Superman o el Hombre Araña para regalarles a los niñitos, porque hubo un pequeñito que se puso a llorar desconsoladamente porque no le dieron muñeca.