Pan Amasado y Parrillada
En el refrigerador tampoco pueden faltar la manteca y los huevos.
Hacer pan es algo que realizo hace muchos años. Hubo un tiempo que vendí pan (cuando trabajaba en Chilesat).
Aprendí a cocinar muy joven. A los 13 años ya hacía pie de limón... a los 15 hacía tortas.
En mi casa hago el pan cuando no he comprado en el negocio el día viernes (compro para el fin de semana, así no tengo que salir a comprar el sábado o el domingo). Y hago pan cuando me vienen a ver mis Visitas. Salvo cuando va mi mamá, porque ahí es ella quien me hace tortillas en la sartén.
Tampoco soy de ir al Supermercado muy seguido. Por lo general voy cada dos meses. Tiempo que me dura la bolsa de alimento de 8 kilos que se comen mis bebés. Cada dos meses hay que ir por el alimento, entonces aprovecho el viaje en taxi para llenar mi despensa. Soy muy organizada. Llevo mi lista de compras. Y me gusta ir al super, para qué estamos con cosas, pero como la situación financiera no es de las mejores lo evito. Pues más de alguna vez me compro cosas no tan necesarias ni imprescindibles (chicles, galletas tritón, pisco, berlines y otras golosinas).
Este fin de semana fue mi tía Haydecita y mi hermanito a visitarme. Yo tenía en mi congelador unos riñoncitos de cerdo, unas bandejas de chunchules (que le encantan a Iván, y siempre que encuentro en el super compro para mi y para él), y una bandeja con bistec de pana (especialmente compradas para mi hermanito, pues es loco por las panas).
Ellos antes de llegar a mi casa también pasaron por el Super y compraron: Costillas de cordero, lomo vetado, costillar de chancho, longanizas y prietas. Y con todo eso nos hicimos una “Parrillada” (con bracerito y todo, pues nos gusta comprar utensilios de cocina de acuerdo a la preparación. Tengo dos braceritos que no usaba desde que estaba viviendo en casa de mi tía, hace cinco años).
Acompañamos la parrillada con papas y ensalada de Tomate a la chilena (con cebolla), y ensalada de Habas con cebolla.
Mi hermano me compró limones y una botella de pisco (acuérdense que yo estaba en Ley Seca desde que llegué de las vacaciones. Es decir hace 2 meses que no compro pisco. Y la verdad es que aún no he bajado un gramo de lo que subí en vacaciones). Bueno... es tan rico comer.
Comentamos lo de Charlton Heston y encontró una pifia que se me pasó en todas las veces que lo leí, dije presa en vez de prensa)
Casi siempre que publico algo yo le comento a mi hermano de lo que hablé. No todos los temas, sólo algunos, los que ambos tenemos en común. Entonces nos pusimos a hablar del “Mío Cid” y de los libros que leímos en la escuela. Mi tía también opinaba porque ella es culta. No tanto como mi hermano, pero es una mujer instruida (a pesar de que no tuvo estudios Universitarios), pero antes en tiempos de las “Humanidades”, la enseñanza era mucho mejor y más completa. La educación de ahora es pésima. Y a eso se le suma que hay que pasar de curso a los cabros porros para no perder una subvención. ¡Todo es un negocio!
La conversación sobre libros estuvo entretenida. Comentamos libros que ya no se enseñan en la escuela “¿Quién mato al comendador? ¡Fuente Ovejuna señor!” dijo mi tía. Acordándose de esos libros. Hay textos que nos impactaron y por ese motivo se quedaron en nuestras memorias hasta hoy. Mi tía contó cuando leyó “Fahrenheit” de Ray Bradbury, cuando hablaban de los televisores que estaban pegados en las paredes. Eso llamó su atención. Libros futuristas. A mi me gustó “El Túnel” de Ernesto Sábato, y recordé otros libros que también me impactaron: “Niebla” de Unamuno. A mi tía le gustó “Golondrina de Invierno” de Víctor Domingo Silva. Iván se acordó de “Los de Abajo” y “Lazarillo de Tormes”, tantos libros antiguos que volveríamos a leer.
Después de esa conversa tan entrete, me fui a la cocina porque mi tía me trajo de regalo una bandeja de tocino que compró en el Jumbo. Me dispuse entonces a picar el tocino en cuadritos pequeños, lo puse en una sartén y lo llevé al fuego. Esperé que se redujeran poco a poco. Los fui dando vuelta para que se doraran por ambos lados. Cada tanto, iba colando la grasa líquida que desprendían, para vaciarla en un tiesto. A medida que se reducían iban tomando un color dorado y se volvían crujientes... finalmente se transformaron en chicharrones!
Mi tía se levantó a ayudarme. El olor que salía me remontaba a mis años de niña, cuando el abuelito compraba la grasa empella y hacía chicharrones. Siempre nos convidaba (a mis hermanos y a mi), abría una marraqueta y echaba los chicharrones calientes, recién sacados del sartén, les ponía sal y nos los daba.
La gente ya no sabe lo que es eso. Ya no se preparan los chicharrones. Muchos ni siquiera saben lo que es.
Mientras mi tía seguía colando la grasa yo me dispuse a hacer el pan amasado al que le agregué al final los chicharrones. El pan quedó delicioso. Me quedaron chicharrones para una próxima ocasión. Guardé la grasa en el refri en un frasco tapado.
Mi tía también compró tocino para ella. Ella hará los chicharrones en su casa, pero se los echará a los porotos con rienda. Yo los prefiero en el pan.
Después de tomar once. Repartimos la carne y el pan para que mi tía llevara para el desayuno. Con la carne que me quedó me alcanza para comer tres días jajajaja.
El Horacito se portó re bien, hasta durmió un ratito con su tío Iván. Es que mis hijos son muy huasos y cuando van visitas se esconden. Tengo que ir a sacarlos de debajo de la cama para que saluden al tío Iván, que es gatero igual que yo.
En fin, fue un fin de semana como me gustan a mi, buena comida, buena bebida, buena conversa... y buena compañía.